VII Ornadas Arquidiocesanas De Pastoral Social
.: Reflexión del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires26 de junio de 2004
En estas jornadas de pastoral social se exponen los dos ámbitos en los que se mueve la pastoral, es decir, lo político y lo social. Hoy me dediqué a escuchar lo que decían, pero escuché más la música que la letra. Es una linda experiencia que a veces me ayuda: con qué música lo están diciendo. Y la música es de caminar, de andar, de no quedarse quieto, de hacer, de ir plasmando cosas.
Esa música me hace pensar en un hecho que tanto en política como en acción social está en crisis. En una situación que está en crisis y que de alguna manera la tendríamos que reivindicar. Es algo que está antes de la acción política y de la acción social, que la embebe. Yo hoy hablaría, retomando un poco la inquietud de ustedes, de andar, para saber hacia dónde vamos, de recuperar, reivindicar la utopía. No podemos caminar sin saber hacia dónde. Es criminal privar a un pueblo de la utopía o, dicho en cristiano, es criminal privarlo de la esperanza. Simplemente es encarcelarlo.
Hacerse cargo de la utopía supone saber hacia dónde tiende uno, lo que Aristóteles llamaba “la causa final”, o, ya algo más nuestro, eso que tan bellamente Alejandro Korn decía: “la angustia por el rumbo”. Tener angustia por el rumbo, hacia dónde me estoy dirigiendo, no estar a la deriva.
Reivindicar la utopía tiene más vigencia en los momentos de oscuridad. Nosotros estamos viviendo momentos de oscuridad que nos determinan. Evidentemente estamos viviendo bajo el efecto de densos capitales volátiles. Por un lado son densos, pero por otro lado son volátiles, disparan y nos dejan en Pampa y la vía. Entonces, en esa oscuridad tremenda que no podemos manejar –algo que nos viene de afuera y es fruto de la mala globalización– necesitamos cuanto antes determinar la utopía, reivindicarla, reformularla.
Pienso en un hecho histórico. En medio de la derrota, la República de Paraguay lo primero que hizo fue recuperar la utopía. Todo el imperialismo internacional la destruyó, y ese pueblo, lo primero que hizo para resurgir fue no perder su dimensión teleológica, recuperó su utopía, salvó la cultura, salvó la fe, salvó su lengua. Y eso, a través de la mujer. No me pregunten por qué, pero relaciono intuitivamente el hecho de reivindicar la utopía con el aporte femenino en nuestra sociedad y en nuestro trabajo. Y la mujer paraguaya es la mujer más gloriosa de América, porque rehizo un pueblo de ruinas. A mí me gusta rendirle homenaje a la mujer paraguaya, porque es un modelo. La mujer visualizada como madre de pueblos, que no va a poder nunca dejar de serlo.
En momentos como ese, el pueblo atinó, a través de la dimensión de la mujer, recuperó la dimensión teleológica, reformuló la utopía y refundó su pueblo.Cuando no hay utopía, o cuando la utopía está adormecida o anestesiada, siempre priva lo cultural. Se vive en la coyuntura y no se sale de ella, en última instancia, lo que nos podemos prometer allí es una acción tacticista. Curioso: ninguna de las propuestas de ustedes era tacticista, la música no lo era. Más bien era estratégica. Cuando no hay utopía, lo máximo que nos podemos prometer es la táctica. Y si no priva lo coyuntural, priva la involución, y entonces toda la acción social y política se vuelve sobre el sujeto en sí, sobre el que tiene que llevar la historia adelante, sobre el que tiene llevar la acción social o política. Y se mira el ombligo, para decirlo en lenguaje cotidiano. Porque no puedo dar vida hacia fuera, quedo prisionero de una actividad sobre mí mismo, como persona, o sobre el grupo social o político al que pertenezco.
Se va dando ese fenómeno que está tan en boga –porque obviamente, hoy en día la utopía está muy pálida–: esa actitud constructivista de la persona. El sujeto no es sujeto, se va construyendo en cada táctica que realiza, en cada paso que da. Y al no haber sujeto, no hay derechos. Se caen todos los derechos de la persona. No hay derechos humanos. Van cambiando situacionalmente o según la etapa de esa constructividad de la persona. Para mí este es uno de los peligros más serios, porque la persona no tiene sustrato en sí misma, es despedazada, no solo por la coyuntura, sino también por esa actitud constructivista, y no hay nada que la defienda o que la sostenga. Hoy en día vamos a encarar una acción con minoridad en riesgo, o con ancianos, pero mañana vamos a tener que hacerlo de otra manera, porque el sujeto (la minoridad, la ancianidad) fue cambiando, se fue construyendo de otra manera. No tenemos referencia básica, no tenemos rey de la creación, no hay soberano, no hay centro.
No podemos, sea del credo al que pertenezcamos, claudicar de la soberanía de la persona humana, del señorío de la persona humana sobre toda la creación. No somos seres de laboratorio que nos vamos construyendo día a día de manera distinta, sin una identidad permanente. Queremos defender nuestra identidad, nuestra persona, y eso lo vamos a hacer saliendo siempre hacia fuera, evitando ese volver sobre nosotros mismos, que nos va destruyendo, nos va diseccionando, y nos va haciendo lauchitas de laboratorio, en vez de ser personas activas que van haciendo la historia.
Puede ser un poco confuso, pero que quede claro que cuando no hay una utopía, un camino hacia el fin, me empantano en la coyuntura y vuelvo sobre mí mismo, en una concepción no permanente de la persona, sino que se va construyendo a cada paso y que por lo tanto es atomizante y no es sujeto de derecho. Depende de la situación o del estado de construcción. Y eso es nefasto.
Por eso, escuchando la música de ustedes, yo subrayaría la necesidad en este momento social, sobre todo por el momento de tanta dificultad cultural y socioeconómica que vivimos, la necesidad de reivindicar la utopía, que supone afirmar el sujeto que ya está constituido en cada uno de nosotros, pero que tenemos que poner en el camino de desarrollo, de maduración, de solución de los problemas que nos están afectando. Llámese desde el aspecto laboral, del de la niñez, del de la drogadependencia.
Vuelvo al principio: para que una pastoral social, para que una pastoral política, para que una acción política, aunque no sea pastoral, funcione, hoy es necesario, dadas las situaciones de crisis que vivimos, recuperar la utopía. Y recordemos a nuestro pueblo paraguayo, que no se puso a pensar si en Paraguay tenía que construirse en cada paraguayo. Dijo: no, el paraguayo existe, somos nosotros, tenemos que ir adelante a recrear un pueblo.
La historia nos enseña que este tipo de enfoques son los que llevan a la madurez de un pueblo. Otros enfoques, de tipo constructivista, ya sea en lo básico de una persona o en los diversos aspectos: social, educacional, etc, son simplemente experiencias de laboratorio, clonaciones culturales que no nos llevan a ninguna parte, nos encierran en nosotros mismos y terminan en ese acto de soberbia tan humano que es el de la Torre de Babel. Así que los exhorto a que sigan con la música de hoy y a recuperar la utopía.
Cardenal Jorge Mario Bergoglio, s.j., arzobispo de Buenos Aires
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