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Construir
el Bien Común en nuestra patria: |
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Desde la Comisión Episcopal de Laicos y Familia y sobre todo desde el Departamento de Laicos, nos disponemos a acompañar e intensificar uno de los desafíos de la evangelización en este inicio de siglo, que es la vocación y misión del laicado. Debemos señalar que si bien en estas últimas décadas se ha intensificado un camino positivo de la comprensión vocacional del laicado, fundamentalmente en lo que hace a su protagonismo en las comunidades eclesiales, y en los diversos movimientos, también hay que reconocer que ha costado la comprensión que el lugar privilegiado de su santidad está en la transformación de las realidades temporales, en la familia, trabajo, política, educación, comunicación… Creo oportuno recordar el documento Navega Mar Adentro de la Conferencia Episcopal Argentina, en donde señala como indispensable la profundización en una especie de catequesis social, donde la doctrina social de la Iglesia y la formación ciudadana alimenten una auténtica espiritualidad laical. El texto nos señala: “Participar activamente en la construcción del bien común en nuestra patria es hoy una necesidad impostergable. Para caminar en esta dirección se requiere el conocimiento y la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, inculturada en las nuevas circunstancias históricas del país, como uno de los elementos constitutivos de la Nueva Evangelización… La Catequesis, en especial la implementada a jóvenes y adultos, es un lugar privilegiado para formar la conciencia moral a la luz del pensamiento de la Iglesia, incluyendo también los grandes temas de la responsabilidad ciudadana: cultural, política, social, ecológica y económica. Esta formación no se orienta solo al conocimiento de valores y principios sociales, sino también a la transformación de la sociedad mediante el testimonio de un trabajo honesto, eficiente y responsable. El itinerario catequístico ha de impulsar la presencia de los laicos en la acción política y en las diversas estructuras de la vida social” (NMA 97). Tenemos que señalar que este déficit en una necesaria catequesis social y especialmente de ciudadanía se nota en las rupturas que se producen entre la fe cristiana que profesamos y los criterios, opciones, estilo de vida y escasa incidencia de los valores del evangelio en las estructuras sociales. ¿Cómo se explica que en los parlamentos, tanto a nivel nacional, como provinciales haya tantos legisladores que se denominen cristianos y a la hora de votar tienen en cuenta más la obediencia partidaria, que las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia o bien su propia conciencia? Ese es solo un ámbito entre otros tantos en donde se da una ausencia grave de opciones y valores cristianos. Debemos señalar con esperanza que como contrapartida se van dando signos positivos que con certeza podemos decir que nos dan esperanza. Laicos de varias comisiones episcopales van tomando iniciativas que ya empiezan ha ser una especie de nueva realidad que se multiplica. El solo hecho de la sintonía y comunión en el trabajo de diversas pastorales, como la multiplicación de trabajos en redes, la continuidad en diversas expresiones del Congreso de Laicos de Octubre de 2005. Todo esto junto al protagonismo de las Universidades y Centros de Estudios van revelando signos de esperanza en la vocación y misión del laicado argentino. Quiero finalizar subrayando que al tomar como propuestas de trabajo las diversas pastorales laicales, los temas de la inclusión social y ciudadanía en el accionar de la evangelización de la cultura, se dará un significativo aporte tanto a la dignidad de las personas, como a la calidad democrática de nuestras instituciones. Seguramente María, nuestra Madre, como en Nazaret, desde su silencio fecundo nos acompañará en la construcción de un tiempo mejor. Mons.
Juan Rubén Martínez |
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